Esta hermosa frase figura en el Principito, un libro sumamente espiritual lleno de sabias metáforas.
Me hace pensar en lo que de continuo veo a mi alrededor, ¿realmente la gente opina de esta forma? y me respondo a mi misma: No.
Esta es una época donde el culto por la belleza y la fama arropa las sociedades por doquier. La promoción excesiva de productos, muchas veces inútiles, o con el mero propósito de ostentación hacen que las personas canalicen sus recursos a ellos, olvidándose de las prioridades que debieran primar en su vida.
Por tanto, solemos apreciar lo bello, lo talentoso, lo que nos resulta brillante, pero resulta que este aprecio, que es razonable, nos lleva a despreciar a las mayorías, uno de estos casos es Guatemala con su eterno conflicto entre ladinos e indígenas y otro que he presenciado es el de República Dominicana, donde a pesar de haber extinto la raza taína, aún permanece el rechazo a la obscura piel de sus moradores mulatos, descendientes de esclavos y conquistadores, que aún son la mayoría. Usualmente se usan peyorativos para expresarse sobre estas personas tales como “prietos” y ni hablar de la terrible discriminación de la cual son víctimas los Haitianos, que en medio de su desolada situación emigran a Dominicana buscando un mejor porvenir, el cual no siempre llega.
Cuándo terminaremos de entender que las personas al igual que los árboles no deberían ser valorados por su rugosa superficie, sino por la valiosa madera que entrañan. Qué la piel de los hombres es cual dicha corteza triste, pero poseen preciosas ideas en sus mentes, que albergan sentimientos duales en su corazón, amor-odio, alegría-nostalgia. Que sus manos tienen la facultad de crear, sembrar y construir.
Cuándo estaremos conscientes de que un hombre sólo puede ver hacia abajo a otro, cuando esté dispuesto a extender su mano y ayudarle a levantarse, cuando esté dispuesto a brindar compasión.
Cuándo recordaremos lo suficiente los holocaustos realizados a causa del racismo y la discriminación étnica. ¿Cuándo?
María Ruiseñor
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